sábado 24 de julio de 2010

Identidad



Buscando la etimología de la palabra “nombre”, consulté a la enciclopedia libre Wikipedia, y señalaré lo más importante: es la designación o denominación verbal que se le da a una persona (… ) para distinguirlo de otros. Sí lo estudiamos más semióticamente habrá toda una disonancia entre mi nombre y lo que realmente represento, pues onomásticamente mi nombre significa Jardín de Hollies.
¿Qué habrán querido decirle al mundo mis padres con mi nombre? Creo que nada, de hecho la historia de mi nombre no puede ser más insípida. En mi casa había un libro de nombres, lo consultaron, les pareció bien y ya. Cero mezclote de nombres de toda una generación, cero historia idílica, cero tradición familiar.
Total que así me identifican las personas, con mi nombre, uno le tiene cariño, no importa cual sea es algo tuyo, es uno de los primeros regalos que recibimos.
Entonces ¿por qué hay gente tan mala y miserable en la vida que quiere cambiártelo?
¿Por qué? Sí es lo más propio que tienes.
Los primeros en mi lista son los funcionarios públicos, son casi carentes de audición, creativos y prácticos, si no entendieron tu nombre, se dejarán llevar por su imaginación y te colocaran el que mejor les parezca. Es por eso que desde los 12 años he tenido que pelear en jornadas de cedulación, pasaporte, inscripciones en el CNE y cuanto registro tenga que hacer por mi segundo nombre, ADELAYLA, no señor(a) no es Adelayda, es A-DE-LA-Y-LA, L-A… y que… “ajá” y cómo dice mi registro en el banco y algunas planillas de la universidad y algunos carnets “Lesly AdelayDA” sin respeto alguno.
Ok se los perdonaré, es poco común y las personas tienden a hacer principio de cierre muy pronto. Pero el Lesly? Hay dos tipos de personas, las que lo pronuncia mal y las que lo escriben mal… bueno perdón 3 tipos, y las que lo pronuncia y escriben mal.
Es mi nombre, me identifica, habrá miles pero tengo casi 27 años escuchándolo, le tengo cariño. ¿Por qué calarme el papá de una amiguita que desde que me conoció hasta ahorita me dice Leily? Señor qué le cuesta ponerle la “S” después de la “E”. Es por ello que para algunas personas soy Lexy, Lesdy, Lenys, Lely.
Y me vieran a mi cuando me preguntan el nombre, ya la cosa me da miedo, es por eso que entro en un estado de concentración, en donde mi boca se articule de tal manera que las personas no les quede duda la pronunciación… Golpeo la L con la E y extiendo la S y vuelvo a golpear la L con Y… hay gente que lo agarra, pero otras, no hay forma ni manera.
Pero el caso más severo es las que lo escriben mal, siento como desgarran, vituperan y descuartizan mi identidad. Los lugares más macabros son los de la salud y por lo general registros públicos, dónde está una tipa con una lima de uña, quitándose un pedazo de comida que le quedo o del desayuno o del almuerzo que se comió en 1987 y por más que lo intente todos los días, no ha podido sacárselo.
Lednys, Leslys, Leslie, Lesley, Lisle, Laslys, Lindsy y para usted de contar.
No me gusta parecer paranoica, ni psicótica cuando alguien pronuncia o escribe mal mi nombre, así que hago el esfuerzo de llevar esa humillación con calma, sin rabietas vuelvo a repetir, si no me entienden trato de acláraselos en otra ocasión.
Hago mis excepciones necesarias. Paras las cosas legales me soy cruel y vil, L-E-S-L-Y (griega, aclaro al final), con papelito, letra tipo molde, en voz perfectamente audible con el impulso de aire que sale del diafragma.
Sin embargo, sólo aquellos que dominan el arte de pronunciar mi nombre y les guardo afecto, acepto ciertas adaptaciones cariñosas: Wesly, Les, Leslyta, Adela o Layla, sin molestia ninguna.